Valle de Hecho

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Gastronomía, herencia pastora


La herencia de la tradición ganadera del Valle de Hecho se refleja en su rica y contundente gastronomía. Igual que los pastores, el pan, el vino y la carne marcan sus platos más tradicionales. Pero también los productos del río y los cultivados en la tierra tienen sus propias señas de identidad en este valle que ha sabido crear un buen tejido de industria gastronómica artesana.

Gastronomía, herencia pastora

Si hay un plato característico ese es el de las migas. Una receta aparentemente sencilla que los pastores elaboraban antiguamente con los restos del pan duro que les sobraba y el sebo de oveja para saciar el hambre y entrar en calor. Aderezadas con tocino, jamón, chorizo, uvas o huevos –aunque las variantes pueden mucho más amplias- son una de las especialidades de estas tierras en cualquier momento del año.

Pero el apellido “pastor” no es exclusivo de este plato. La carne a la pastora es otra de las recetas fundamentales. Trozos de carne de cordero, o ternasco, con patatas, y condimentados con sal, ajo y laurel, u otras hierbas, tipo hinojo, de los que se obtiene un guiso caldoso, sabroso y muy consistente, ideal para entrar en calor en los fríos días de invierno. El postre ideal para finalizar este menú con aromas trashumantes es el melocotón con vino, aromatizado con azúcar y canela, que no puede faltar en cualquier celebración chesa.

La tradición gastronómica se observa también en la importancia que en la dieta tienen los productos procedentes de la matacía. Una actividad de larga tradición en todo el territorio aragonés, que antiguamente era fundamental para ayudar a las familias a pasar mejor el crudo invierno. Una vez finalizadas las labores del campo, entre diciembre y febrero, se sacrificaban los cerdos que se engordaban a lo largo del año en un acto que era tan social como festivo, ya que se contaba con la ayuda de familiares, vecinos y amigos, con los que posteriormente se celebraba una contundente comilona. Con las carnes del cerdo se elaboran ricos y sabrosos embutidos, como longanizas, chorizos, salchichones, tortetas, morcillas, que tienen gran presencia en la gastronomía del valle de Hecho.

Los chesos también han sabido aprovechar los productos que le ofrece la naturaleza para incorporarlos a la mesa. De las frías y cristalinas aguas del Aragón Subordán se obtiene la trucha que, como en la vecina Navarra, se ofrece con jamón. Y de la tierra, la gran variedad de setas y hongos que se recolectan en los frondosos bosques que hay en el municipio y que se pueden elaborar y presentar de muy diferentes maneras recogiendo todo el sabor de las montañas del valle de Hecho. La actividad de la caza también contribuye a enriquecer la gastronomía chesa. Ciervos, jabalís o corzos con los que cocinar sabrosos y contundentes cocidos.

Muchos de estos sabores auténticos, que recogen la riqueza natural del valle, se pueden catar en los bares y restaurantes de Hecho. La creatividad y calidad de sus cocineros está ampliamente reconocida dentro y fuera de La Jacetania y ahora esa creatividad, que siempre ha caracterizado los fogones chesos, también se ha extendido a los bares, que comienzan a apostar por ofrecer al cliente sabrosas degustaciones en forma de tapas. Son propuestas originales, frescas, sencillas y, sobre todo, que recogen esa tradición de saber hacer y buena cocina que hay en el valle de Hecho. De momento, los bares que han realizado esta apuesta son Subordán, Danubio, Canteré y Acher, este último en horario de mañanas.

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