Valle de Hecho

Valle de Hecho

Pirineos


 

[ VOLVER ]Turismo : Nuestra historia

Siresa: Iglesia de San Pedro. Siglos IX-XIII


La importancia histórica de San Pedro de Siresa está fuera de toda duda. Situada en plena vía romana, en el camino que atravesaba el Pirineo por el puerto de Palo, su origen es remoto. Se sabe que existió en el siglo IX un monasterio dedicado a San Pedro de gran importancia e influencia. La creciente relevancia de otros focos eclesiásticos como San Juan de la Peña o la catedral de Jaca supone el traslado de la actividad monástica y el inicio de una etapa de decadencia, sólo frenada con algunas intervenciones en su estructura.

Siresa: Iglesia de San Pedro. Siglos IX-XIII

No obstante, en el siglo XIII, coincidiendo con el abandono definitivo del edificio, se culminó la última de dos fases de restauración que alteraría notablemente su fisonomía original. Ya a finales del siglo XX, se acometió la más reciente de las numerosas intervenciones con la sustitución de la bóveda de arista por una de medió cañón y la incorporación de un cimborrio sobre el crucero. La iglesia está estructurada en planta de cruz latina de una sola nave articulada en tres tramos y ábside semicircular.

El aspecto externo de San Pedro es cautivador. Su notable dimensión expresa su esplendor pasado. Varios arcos de medio punto ciegos cubren el cuerpo de la nave junto a recios contrafuertes que refuerzan su poderío. El acceso por la zona de los pies destaca por el bello tímpano con el tradicional crismón. El conjunto del templo con la bella localidad de Siresa alrededor componen uno de los conjuntos urbanos más singulares de toda la Jacetania.

Destaca en el interior un Crucificado gótico (s. XIII) en madera policromada. Fue hallado en los últimos trabajos de restauración en el altar del absidiolo meridional del crucero. Los retablos que visten el templo son, en su mayoría, del siglo XV y pertenecen a varios autores de la escuela aragonesa. Sobresale igualmente la talla de San Pedro labrada en piedra policromada, que perteneció al antiguo retablo mayor de la catedral de Jaca (1604). La tradición asegura que en la pila bautismal fue bautizado el monarca aragonés Alfonso I el Batallador.